3.06.2009
3.04.2009
El infierno

(...) Continuamos nuestra marcha a donde el hielo oprimía duramente a otros condenados, que no estaban vueltos hacia abajo, sino hacia arriba. Su propio llanto les impedía llorar, pues las propias lágrimas eran un obstáculo para las lágrimas, que volvían hacia adentro aumentando la angustia; porque las primeras lágrimas, al agruparse, forman como una vicera de cristal que llena toda la cuenca de los ojos.
Y aunque por el intenso frío mi faz había perdido toda sensibilidad, como si estubiere encallecida, me pareció sentir algún viento, por lo cual dije:
-Maestro mío , ¿quién mueve este viento? ¿No ha desaparecido ya en este abismo todo vapor?
A lo que él me contestó:
-Muy pronto estarás allí donde tus ojos te darán las respuestas y verás la causa de ese viento que viene de arriba.
Y uno de los desgraciados de la fría costra nos gritó:
-¡Oh almas crueles, tan crueles que se os ha destinado a lo más profundo del Infierno!; quitadme de los ojos estos duros velos, para que pueda desahogar el doloe que impugna mi corazón, antes que el llanto se me vuelva a helar.
Le respondí:
-Si quieres que te alivie, dime quién eres, y si no satisfago tu demanda, que me vea sumergido en el fondo de este abismo.
Entonces él me contestó:
-Soy Fray Alberigo; soy aquel del huerto de tan mala fruta que aquí recibo un datíl por un higo.
Le dije:
-¡Oh! ¿También has muerto tú?
Y me repuso:
-No se como estará mi cuerpo allá en el mundo. Esta Tolomea tiene el privilegio que las almas caen con frecuencia en él antes de que Atropos mueva los dedos. Y para que de mejor grado me arranques del rostro las lágrimas vidriosas, has de saber que en cuanto un alma hace traición, como yo hice, su cuerpo es arrebatado por un demonio que después lo gobierna hasta que se cumple todo el tiempo de su vida, el alma rueda entonces a esta cisterna, mientras aún allá arriba parece estar vivo el cuerpo de esa sombra que detrás de mi está en el hielo (...)
(...) ¡Ay, genoveses!, hombres de espaldas a toda moral y del todo corrompidos, ¿Por qué sois dispersados por el mundo? Porque he encontrado con el peor espiritu de la Romaña, uno de vosotros, que, por sus obras, ya su alma se baña en el Cocito, mientras que todavía su cuerpo aparece vivo en el mundo.
Canto XXXIII El Infierno, La divina comedia- Dante Alighieri
The dull flame of desire

I love your eyes, my dear
Their splendid, sparkling fire
When suddenly you raise them so
To cast a swift embracing glance
Like lightning flashing in the sky
But there's a charm that isgreater still
When my love's eyes are lowered
When all is fired by passion's kiss
And through the downcast lashes
I see the dull flame of desire
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