
Estoy a punto de sentirme adultito jóven, y con tantas responsabilidades se me olvida que tengo este pedacito de amor que amablemente mi mejor amigo (internet) me ha dado para expresarme.
Es viernes otra vez, viernes en el que llego del trabajo, cansado, pero esta vez no tanto. Disfruto de unas vacasiones de semana santa atrasadas.
Ya no sé si deprimirme o alegrarme por no salir. Si salgo, con mala suerte me involucro en algo ilegal o podría terminar con plomo en las entrañas, y si no salgo me duele la espalda de estar sentado frente a mi novia Laptop.
Hay cosas bonitas en no salir siempre; después de esconderme en mi cueva por un rato, pensar en volver a salir llega a ser emocionante, y no se vuelve en simplemente volver a salir. Si me llego a encontrar a fulanito en aquél bar, será divertido encontrarle, y no diré "Aii wee siempre andas por aqui".
Disfruto de estos viernes en los que expando mi barriga comiendo grasas saturadas para después considerar sentirme culpable o no, leer un libro, una novela de suspenso, para darle un toque emocionante a la noche. O también charlar con alguien, emocionarme y hacer planes para el sábado.
Tal vez me arriesgue a salir los viernes, aunque poniendo en riesgo lo anterior, lo pienso dos veces.
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