
Con límites y reglas en cada lugar en el que me paro, ya imagino reglas en mis pensamientos, ya hay límites para las emociones porque sería extraño actuar de forma efusiva, de manera eufórica, de manera diferente, de una manera más primitiva, conectada con ciertas sensaciones. ¿Es el amor una sensación? ¿O es una necesidad? De repente uno se encuentra en la tranquilidad de su individualidad, cuando de repente llega y altera nuestra mente, nuestro cuerpo. Poco a poco se cuela entre nuestros manos, y empieza a sudar como si estuvieran debajo de las sábanas, luego vienen los labios, que húmedos, no habría sequía en el mundo con esos besos, aunque arden, queman, son como el fuego, llegan y son fulminantes, no se detienen, llegan hasta el alma.
Este amor, es impermeable porque se aísla de todo, de edades, de raza, de tiempos, es el mejor aislante, tanto que muchos lo odian y lo mandan a un mundo lejano, a un mundo de las cosas infinitas y sin retorno, a ese lugar en donde está el hijo pero no la madre porque es desconocida.
Pero aísla tan bien, que aísla la realidad, las verdad se van, los ojos ven otras cosas y la mente que lo que quiere creer, los labios dicen mentiras cuando querían decir poemas.
Aísla también la percepción del tiempo y uno no sabe qué tan rápido debe ir, que tan rápido deberían las manos tocarse, que tan rápido debería la piel desnudarse, que tan rápido se debería intimar; ciertamente, para muchas personas, la mayoría mujeres, esperan realizar esta culminación de amor sólo cuando se ha firmado legalmente si matrimonio, en sí, cuando le han vendido al mejor postor su virginidad. Pero, no hay una palanca de velocidades en el amo, no hay frenos ni acelerador. El momento se dará cuando el cuerpo lo pida, cuando la mente se libere y se deje llevar por lo que puede sentir, ese instante de liberación, será el momento adecuado.
Existen o no reglas para amar, el hombre las impone con el paso del tiempo, el mismo se las pone. Si la persona está sola es por causa de sus propias exigencias, de sus miedos, de sus rencores con el pasado, pero estos deben de ser superados y enfrentados en compañía de esa persona, esa persona que va a llegar ahí para ayudar a superar todos esos miedos y todas esas frustraciones. Solo así el hombre se liberara de su propio pasado; amando a alguien y hablando de su pasado.
En verdad, los que encuentran a su media naranja, han sido afortunados por aquel ángel de San Valentín, ya que no para todos es tan fácil, cada vez es más difícil encontrar alguien a quien amar, cada vez somos más y cada vez amamos menos.
Amar, solo a sí mismo, el amor por uno propio, y no el amor narcisista, el amor que uno se llegue a tener, el respeto, la autoconfianza, entre otras; es la clave para poder estar bien con uno mismo y entonces amar. Amar en plenitud, amar con el corazón, amar sin aislantes, amar con la mente, amar con el cuerpo, y sobre todo, amar de verdad.
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